¿Cuánto dura un duelo? Y cómo transitarlo

¿Cuánto dura un duelo? ¿Y cómo transitarlo?

«El duelo es ese proceso que pasamos tras una pérdida». En resumen esto es un duelo. Durante la vida perdemos tanto como ganamos, hay perdidas irreparables donde el transito es doble o triplemente doloroso.

La muerte de mi abuela y de mi hermano en un lapso de unos cuarenta días ha sido el dolor más angustiante y extremo que he sentido. En algún momento pensé que ya no podía respirar más.

Por eso, la pregunta cuánto dura un duelo luce tan efímera como casi imposible de responder. Porque no hay un tiempo ni medida justa ni precisa.

El duelo es esa emoción, ese ente lleno de emociones que quizá, solo quizá, nos persiga y nos acompañe el resto de mi vida, de nuestras vidas.

¿Cuánto dura un duelo?

Pasaron los meses. Seis meses para ser precisos.

6 y casi 5 meses donde el dolor es la única constante.

Por supuesto duele la perdida, la muerte de mi abuela y de mi hermano. Y me duele cada día más porque los amo, los amé, siempre los amaré.

La muerte siempre está rodeada de emociones muchas de ellas desconocidas e intratables. Algunos sentimientos suelen ser inhóspitos. Muchos de esos —casi—son permanentes o luce que se quedarán muchos años habitando y conviviendo en mi ser.

Sin embargo, lo que es un hecho es que el duelo dura el resto de la vida. El tránsito es lo que realmente cambia. Cómo transitarlo es lo que diferencia de un día a otro.

Hay momentos que duele menos, me abruma mucho menos. Sin embargo en la noche duele, angustia, paraliza el doble o triple.

Y claro, la luz del sol me ayuda a sentir que puedo, que estoy pudiendo y que podré. Sin embargo, la noche y la oscuridad, pues eso: el sentimiento de desolación aparece a plenitud para volver a sentir —me—miserable, vacío.

¿Cuánto dura un duelo?
¿Cuánto dura un duelo?

¿Cuánto duele el duelo?

No hay una expresión correcta para saber cuánto duele el duelo y sobre todo cuánto duele transitar un doble duelo.

«Pero es que hay gente que lo perdió todo». Pues yo también, para mí mi hermano y mi abuela eran todo. Son todo. Fueron mi todo. La alegría y la dicha más pura de mi corazón.

Y así como no hay una medida para el dolor, porque es un sentimiento personalísimo, único. Y también devastador, el duelo duele en demasía.

Hay mañanas que el dolor me ha paralizado. Me duele respirar. El pecho se me enjuta de sentir tanta angustia, ansiedad, desasosiego y pavor. Terror de vivir un nuevo día porque volverá a haber pánico, aprehensión, incertidumbre y suplicio.

La pena que embarga y acompaña el duelo es copiosa. Una bola de nieve rodando por un paraje es la perfecta analogía: va creciendo hasta hacerse inmensa sin que nada ni nadie la pueda detener.

¿Cuánto dura un duelo? Es la pregunta más recurrente a mi psiquiatra y tanatóloga. La respuesta es la misma: «Lo que sea necesario para que puedas sanar y retomar tu vida».

Algo que me da esperanza, es ese pensamiento recurrente de mi viejecita en aquellos días donde viví en completa oscuridad: «Ni el dolor, ni el miedo duran para siempre». Confío, como siempre, en sus sabias palabras que siguen permeando en mí. En nosotros.

Me aferro a ello. Confío en Dios. Y en que siempre vuelve a salir el sol.

Parte de esta serie “cuánto dura un duelo”:

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