¡Ya viene Chavela! El documental de una leyenda carismática y excepcional

Tras cosechar grandes elogios a su paso por la sección Panorama Documental de la Berlinale, donde consigue uno de los premios del público, pronto se estrenará Chavela, el documental co-producido entre España, México y los Estados Unidos, dirigido por Catherine Gund y Daresha Kyi, en el que exploran desde distintos ángulos la personalidad de Chavela Vargas, quien nace en Costa Rica, se hace un nombre por sí misma, primero en México y más tarde en todo el mundo, principalmente por su interpretación de rancheras tradicionales, compuestas principalmente por hombres y que en su mayoría hablaban de amor no correspondido por mujeres, el cansancio del mundo y la soledad, pero que hace suyas al interpretarlas con su propio ritmo y su voz áspera y vulnerable y su aspecto de lesbiana machorra.

A través de una entrevista concedida en 1991, multitud de material inédito y entrevistas a sus amigos y parejas sentimentales, se construye el deslumbrante retrato de una mujer que se atreve a vestir, hablar y canta como le da la gana, haciendo una leyenda de una vida carismática y excepcional, que vivió siendo abiertamente lesbiana.

«Queríamos que fuese ella quien se describiese a sí misma, con sus luces y sus sombras: luces muy brillantes y sombras tremendamente oscuras (…). Fue única. Tuvo una vida como una montaña rusa, de subidas y bajadas extremas, de estar borracha y tirada en el suelo a convertirse en musa de Pedro Almodóvar, abarrotando salas como el suntuoso Carnegie Hall de Nueva York, el Olympia de París o el Bellas Artes de México», explica Daresha Kyi, una de las directoras de la película, que no quiso reprimir su deseo de hacer la película para que todo el mundo descubriera a Chavela Vargas, «sobre todo porque podía ayudar a quienes se sienten fuera de la norma».

A través de la película muestra el rechazo de su familia, que le lleva a emigrar desde su Costa Rica natal a México, donde utiliza esa herida en unas canciones que construye en torno a una embriagadora soledad.

«Hacer una película de Chavela es reivindicar también el poder de lo femenino, porque estaba orgullosa de ser mujer», destaca Kyi, a pesar de su temprana decisión de actuar en pantalones, lo que supuso todo un desafío en los años cincuenta.

Dos son los hombres claves en su trayectoria. Primero está José Alfredo Jiménez, para quien ella es la mejor intérprete de sus canciones, quien la ayuda « a elevar su carrera a otro nivel» y con el que entabla una relación constructivamente creativa en lo profesional y etílicamente destructiva en lo personal (los dos eran unos ebrios).

Después está la loca de Pedro Almodóvar, quien se encarga de ponerse como toda una pájara de cuenta de lo más cursi, al revivir su mito tras un largo período desparecida de la escena musical. «En España comenzó un proceso de autoafirmación. Necesitaba curarse de esas heridas que había arrastrado toda la vida», explica la directora, señalando que fallecería sólo unos días después de su última actuación en la Residencia de Estudiantes de Madrid, donde acudiera el cineasta manchego, cuyo testimonio es considerado por Kyi como el «más difícil. Aún hoy dice que le duele en el corazón que Chavela se muriera y hasta llora como niñita».

Uno de los aspectos más interesantes de la película es que habla abiertamente de lo que la propia Chavela Vargas nunca quiso ocultar en vida, su orientación sexual, especulando con las relaciones que pudo mantener con Frida Kahlo o Ava Gardner, y hasta, presuntamente, con Silvia Pinal la entonces novia del poderoso empresario Emilio Azcárraga, quien utilizó su influencia para que las discográficas vetaran su carrera musical, o la relación que mantuvo con la abogado Alicia Pérez Duarte, quien proporciona numeroso material gráfico al documental, además de una sincera entrevista en la que aporta información clave sobre el voluble temperamento de Vargas y su capacidad para crear leyendas sobre sí misma: «ella era así porque, entre tanto macho, tenía que ser la más macha, la más borracha, la más seductora».

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