Las dos caras de la CDMX : Por un lado, paraíso gay, por otro, reino de homofobia

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La temporada de marchas y desfiles gay está por llegar y como en muchas otras grandes ciudades, la Ciudad de México (CDMX) será sede de una de estas marchas llenas de colores, chicos guapos y alegría. Esta es la ciudad más poblada de todo el continente, 25 millones de personas.

¡Desde luego que hay muchas personas LGBT! Una ciudad donde incluso extranjeros vienen a contraer matrimonio. Pero todo este ambiente gay tan abierto y los derechos a la comunidad LGBT no llegan muy lejos de la ciudad, de hecho ni siquiera a la ciudad entera.

La actual megalópolis de la CDMX ha heredado una estructura administrativa del siglo XX, el cual no ha sido debidamente adaptado a la actualidad. La ciudad actualmente se encuentra dividida en dos áreas independientes con gobiernos y leyes diferentes, pero aun compartiendo diversos servicios metropolitanos: metro, suministro de agua, drenaje, etc. Una ciudad, dos gobiernos. Una situación algo surrealista, pero como Antonin Artaud dijo una vez: En México el surrealismo es naturalismo.

Respecto a los derechos LGBT la situación ha terminado en esto: El gobierno en el área central (área llamada por la gente como “DF” en referencia a su nombre oficial anterior) pertenece a un partido político progresista que durante los últimos 10 años ha hecho grandes esfuerzos por hacer que el estilo de vida gay y nuestros derechos sean aceptados; y lo han conseguido.

En esta área central de la ciudad el matrimonio homosexual es totalmente legal, las parejas homosexuales puede ir tomadas de la mano y besarse en la calle sin miedo. Los negocios y publicaciones para el público gay han florecido. Ahora es un paraíso gay de América Latina.

Es un hecho notable en un país donde el machismo está arraigado en la identidad nacional desde muchos siglos atrás. Incluso en la forma de vida de los aztecas y otros pueblos originarios estaba basada en la masculinidad entorno a la guerra, y las mujeres solo estaban ahí para dar a luz a nuevos futuros guerreros. Y este machismo aún sigue presente.

Sólo bastan algunos minutos en metro para llegar a la otra área de la ciudad (en el “Estado de México”, o simplemente “el Estado” como le llaman popularmente) donde el OTRO gobierno ha decidido no seguir un camino similar. En esta área los derechos LGBT aún son algo desconocido. Las parejas homosexuales son aún atacadas o incluso detenidas por la policía por mostrar afecto en la calle.

No hay respeto, ni protección, ni derechos. Este otro gobierno prefiere mencionar cualquier tema de colectivo LGBT. Para ellos no existimos. Y todo esto pasa justo a un lado del paraíso gay en el “Distrito”. No necesitas ir de un país a otro, en ocasiones sólo necesitas cruzar una avenida para perder tus derechos.

La mayoría nosotros no hemos acostumbrado a esto. Aprendemos a cómo comportarnos y a qué esperar en cada zona. Algunos vivimos como si tuviéramos botones de prendido y apagado, o si podemos nos mudamos definitivamente al Distrito. Para nosotros este surrealismo de doble moral es lo normal.

Una mueva oleada de activismo LGBT ahora se encuentra peleando para que los derechos LGBT sean aceptados en todo el país (y desde luego en toda la ciudad), para que un día no sea necesario tomar el metro para llegar a donde si tengamos derechos y respeto.

Este próximo 4 de junio, solo 3 semanas antes de la Marcha Gay de la CDMX, se realizarán elecciones en el Estado de México para elegir un nuevo gobernador.

Desafortunadamente el candidato mejor posicionado, Alfredo del Mazo, cuyo partido ha gobernado el Estado durante los últimos 80 años, a dicho claramente en recientes entrevistas que el está en contra del matrimonio homosexual.

“Voy a defender a la familia tradicional. El camino de Dios puede llevar a resolver los problemas de la entidad”.

Un conocido activista de derechos LGBT en la CDMX comentó: “¿Quiere ser gobernador u obispo?”

Otro candidato de izquierda, Juan Zepeda, ha mostrado apoyo abiertamente a la comunidad LGBT, pero su candidatura luce débil. Sin embargo la posibilidad de tener derechos iguales en toda la ciudad está ahí. La moneda está en el aire.