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Quién ha dicho que hay que tener sentido del ridículo. A Roberto, le han enseñado que eso no existe. Y que si lo tiene, se lo deje metido también en el armario, junto a su gran pluma.
Por eso, si para desfilar con "clase" hay que revolcarse por el suelo y para demostrar sus dotes artísticos, lanzarte con su mejor hit, aunque éste sea una canción para niños, se hace. He ahí Roberto y su coreografía del pollito en la que aún se reafirma más como fantoche que como modelo.