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Es quizá el padre de todos los karaokes televisivos. Todavía nos acordamos de aquel Bertín Orbone, joven y sin arrugas, que tanto enganchaba a las marujas.
Enanos con un alma de artistas se atrevían a meterse en el humo "mágico" que los transformaba en pequeñas estrellas con más arte incluso que los propios artistas.
Vamos que eran chicos que en vez de un pan traían un micrófono bajo el brazo.