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Su presentación en la casa nos superó a todos. Él se consideraba el Jim Carrey español, pero con unas cuantas arrugas más y algo de silicona mal puesta. El humor de Germán era demasiado cargante para estar en la casa. Por eso, su estancia en Guadalix fue un visto y no visto. Salió tan rápido como entró.
Y si el egocentrismo de Germán era de lo más pedante, la timidez de Carlos le está haciendo pasar demasiado desapercibido. Tanto que la obligación de fingir que es uno más de la casa, le está provocando sus primeras crisis de pareja. Y no es para menos... ver cómo se trabajan a tu mujer, sin poder hacer ni decir nada, no es un plato de muy buen gusto.
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