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El concepto de juego es muy diferente al de la clásica consola. El de Wii es mucho más social, el complemento perfecto para una party en casa con amigos. Ya no se trata de meterse doce horas en un oscuro cíber subterráneo a disparar en red, sino de jugar en el salón delante (o a un lado, o a 10 metros de distancia) de la pantalla del televisor.