Si algo hay que reconocerle a esta serie, o mejor dicho a su director, Sam Raimi, es el buen ojo que ha tenido para elegir al protagonista.
Tras medio siglo del primer Espartaco en el que Kirk Douglas se convertía en el brutote hollywoodiense más atractivo de la historia, ahora Andy Whitfield, le sustituye volviendo a poner el listón muy alto.