Este, junto al vendaje de los ojos, se podría decir que es uno de los juegos más típicos. En él comienza el goce por el sadomasoquismo. La persona que juega a no ver o que está atada, tiene que soportar lo que el otro quiera hacerle.
Evidentemente hay límites que pueden ser los que la pareja pacte en un principio, pero lo mejor es estar lo más abierto posible. El frío de un hielo recorriendo el cuerpo, una buena dentadura mordiendo la carne hasta causar pequeñas descargas de dolor, lamer el cuerpo de la otra persona acercándose a los genitales sin llegar a tocarlos... Estos son algunos de los juegos que se pueden utilizar (y todos los que la imaginación permita). El que se está dejando hacer sentirá, si el otro hace bien su trabajo, un placer tan alto que llegará casi a gritarnos que lo liberemos de una vez.
El placer de este juego aumenta si se atan las manos y los pies. De esta forma la persona tendrá menos capacidad de movimiento y habrá un goce mayor por ambas partes.
Regla número dos: relajación y confianza.

Introducción al Sado