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Se dice que de niña aprendió a cantar imitando a los pájaros, pero lo que de seguro es cierto es que Yma Sumac tenía una de las voces más prodigiosas de la historia de la música.
Su registro abarcaba las 5 octavas, que alcanzaba sin el uso del falsete y el whistle register. También se cuenta que una de sus actuaciones en la Unión Soviética acabó con el resultado -que pese a ser tópico no es nada común- de llegar a romper vidrios y copas en mil pedazos en su nota más aguda.