De todos es sabido que para encontrar la belleza formal en Javier Bardem hay que currárselo un pelín, pero que una vez identificada, le convierte en una de las caras con más atractivo del cine internacional.
Aunque mucho más difícil es no reir hasta el "desorine" al compararlo con su asilvestrada adolescencia, en la que estamos seguros que merendaba sandwiches de chapas y bocatas de pan "rallao" a dos carrillos.

La rara infancia de los famosos