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Aparcando el lado abstracto del motor, la velocidad y las marchas, es momento de dedicarle unas lindeces a la persona.
Muchos dicen de él que su arrogancia y su prepotencia le pierden. Y que su juego sucio le hace ser uno de los más odiados del circuito.
Pero aún así, joven y mulato, Hamilton puede presumir de tener unos enormes ojos negros y unos labios de lo más carnosos. Y sin cirugía.