Sus ojos verde intensos y esa cicatriz en el labio superior le daban ese punto de malote que tanto nos gusta en los tíos. Sin ser excesivamente guapo pero con ese algo que no acabas de saber qué es, Joaquín Phoenix ha sido considerado siempre uno de los actores con más morbo del panorama cinematográfico.
Y ahora, aunque bastante desmejorado, sea por la edad, las drogas o los excesos, y con un estilo un poco más místico, Phoenix sigue teniendo -eso sí, demasido escondido- ese puntillo con el que todavía nos sigue poniendo aunque sólo sea un poquitín.

Los famosos: antes y después