Sergio P. Sanjuán / 25-5-2009
No ha pervivido en la memoria colectiva ningún archienemigo cinematográfico ochentón mejor que el ruso Ivan Drago de 'Rocky IV'. Su cruel y gélida mirada junto con sus gigantescas proporciones, convirtieron entonces al sueco Dolph Lundgren en paradigma del mal -y recurrente sueño húmedo para muchos- en gran parte del planeta.
No obstante, veinticinco años después de verlo por primera vez, se nos ha permitido llegar a conocerle "mucho más íntimamente". ¿Quieres saber por qué? Pincha en la imagen para seguir leyendo.

Dolph Lundgren, un icono pillado