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Parece que poco a poco (pero como siempre tarde) los medios y la sociedad comenzamos a ver en este canon un espantoso ejemplo para la juventud. El azúcar es el carburante del cerebro. Si voluntariamente se decide dejar de consumirlo -o se reemplaza por otros polvos blancos- que después nadie se queje si la gente empieza a dictarnos las direcciones muuuy despaaacio.