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Y cuando ya el Zaragoza se le quedó pequeño, Villa se montó en un avión para aterrizar en las playas de Valencia para seguir haciendo espectáculo con su buen juego.
Y mientras disfruta de algunos de los placeres culinarios valencianos, como las paellas, las cocas (que no coca), y las horchatas, Villa se da algún que otro paseillo por la playa, alegrando la vista a todos los que están buscando el bronceado del verano.