Elena se ha definido como "una payasa desde pequeña", una persona que siempre ha estado en su mundo lleno de imaginación. No obstante, la separación de sus padres (en una época en la que los matrimonios no eran tan fallidos como en nuestros días) fue traumática para la niña Elena, que descuidó sus estudios (hasta el punto de repetir un par de cursos). No eran los libros lo que le interesaban, sino encarnar a otras personas, sentir lo que otros sentían, refugiarse en un mundo interior. Así fue como conoció a su gran aliada, la interpretación, y con la idea de formarse en este campo fue a Madrid a estudiar arte dramático, nada menos que a la RESAD (Real Escuela Superior de Arte Dramático).
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