Raúl Castelló/ 03-09-08
Érase una vez, en un país no tan lejano, una esponja enloquecida que vivía con una rosada estrella de mar. A veces se encontraban con un cantarín cangrejo afrancesado y con un desmemoriado pez.
En ese fantástico lugar donde los ratones pueden ser modistos o chefs, los robots cantan y bailan 'Hello, Dolly' y las familias están formadas por dragones y asnos, todo es posible y casi siempre se termina siendo feliz y comiendo perdiz.