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Otros, después de llevar una vida con no pocos guiños y tendecias cercanos al "paganismo", acaban iluminados por el ente divino de la forma más fortuita e inesperada.
En el caso de Bob Dylan, que era hijo de inmigrantes hebreos y judío desde su nacimiento, le llegó la inspiración católica, apostólica y romana en los setenta -cuando todo el mundo todavía filpaba con la new age-.
Muy comentado también fue el concierto que ejecutó en 1997 delante del Papa Juan Pablo II. Sobre su resultado
-y no sabemos si por envidia o por estigma- se debe puntualizar que al entonces cardenal Ratzinger no le hizo mucha gracia.

¡Convertidas!