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La mirada enigmática y diferente de Elena Anaya se debe, en parte, a la diferencia de color entre sus ojos, así como su expresividad, que la ha hecho especialista en encarnar papeles intimistas, duales, donde la interpretación gestual es fundamental.
Con la transparencia de uno de sus ojos, unida a la oscuridad del otro parece que cuando Elena te mira no fuera una, sino varias. Esto, unido a su gran versatilidad han hecho que en cine haya interpretado desde mujeres frías, oscuras o crueles hasta personajes inocentes, enamoradizos o dulces, pero siempre han tenido algo en común, la complejidad.