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En su primer discurso en el puesto -y quizá por el desinterés global con el que se trató informativamente- lo más anecdótico superó a lo realmente interesante, y los titulares de los diarios sólo destacaron el uso que hizo de la palabra "miembra" para designar "componente mujer en un conjunto".
Y allí estaban los diarios y lingüistas para rasgarse las vestiduras, acusarla de confundir sexo y género e intentar hacer crecer en ella el cliché de inculta.
¿Es que acaso un clítoris no es un miembro? Pues parece que va a tener al final razón la ministra al responder con la misma frialdad y mala leche: "está claro que sí, que va a ser un problema de género".