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Muchos estudiosos opinan que Paul Newman siempre "jugó limpio": si en sus primeras películas no sobresalía su capacidad interpretativa, pronto consiguió estabilizarse y representar a cualquier personaje -gracias al creciente uso del Método-.
Producto de esta escuela, Newman se adjudicó una peculiaridad que le puso a salvo de muchos desatinos. Conectaba naturalmente con los espectadores, caía muy simpático. El público estaba de su parte independientemente del papel que interpretara. Y, con toda seguridad, así seguirá ocurriendo.
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Adiós a Paul Newman