Compartir en:
Cuando llegó a Madrid en busca de una oportunidad, tuvo que buscarse un nombre más artístico. Martino, Martito, Marino... Cualquiera menos el suyo. Cada vez que se tomaba un café en un Starbucks, lo bautizaban de una manera. Así que cansado ya de tantas mofas con su nombre, decidió lamarse Martín. Y con su rebautizo, le vino la fama.
Tags - madridcastellanizarmartin