Rania de Jordania es todo un icono de belleza y elegancia. Sus rasgos raciales han taspasado las lejanas fronteras jordanas al conseguir establecer y mantener buenas relaciones personales y políticas con el mundo occidental; su marido, el rey Abdullah II, es sencillamente feo.
Abdullah II será de aquellas personas que gana en la intimidad del hogar en un derroche de simpatía a puerta cerrada.