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Lo mejor: Una vez más, las habilidades melódicas e instrumentales de Joel Gibb. Los arreglos orquestales de 'Hump from bending' o 'She's Gone' siguen resultando deliciosos.
Lo peor: El sospechoso parecido entre las nuevas canciones y las viejas, especialmente entre 'Heaven turns to' y 'The man that I am with my man'. Esperemos que el cuarto disco sea diferente, tan "psicodélico" como Joel ha prometido.