Miguel de Molina nació como Miguel Frías en Málaga, hace justamente un siglo. De pequeño estuvo siempre rodeado por las mujeres de su familia, y tampoco fue de extrañar que a los ocho años accediese con toda naturalidad a vestirse de chica para hacer parejas en una fiesta en la que las niñas eran minoría.
A los trece deja el colegio y comienza a vender golosinas para acudir a espectáculos de variedades con el dinero que recauda. Se empleó también en un burdel de Algeciras para ayudar en la limpieza, hacer la compra y cocinar. Allí aprendería, entre otras cosas, que las mujeres no le interesaban sexualmente.

Miguel de Molina: la leyenda gay del cante