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Si, por el contrario, equiparamos éxito a número de asistentes, Muse y Arctic Monkeys batieron records, dejando el resto del recinto del festival casi desierto. El show de los primeros triunfó por lo efectista de la escenografía o lo efectivo de una carrera llena de singles de éxito; el de los segundos, por la contundencia de su sonido y lo virtuoso de los músicos a pesar de su corta edad.