Con su metro ochenta y cuatro de altura y sus setenta y seis kilos de peso -lo que evidencia que de ciclos nada- el caché de Mateus se disparó hasta límite insospechados -y no es de extrañar, pues su físico unido a la picardía con la que se desenvuelve ante las cámaras le hacen un oscuro objeto de deseo para cualquiera-. Mateus por fin había conseguido "meter el cuello" donde quería.