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Lo mejor: El ajustado equilibrio entre erotismo y costumbrismo, entre partes con sexo explícito cuyo objetivo es excitar, e historias cotidianas cuya finalidad es epatar y divertir. Y, por supuesto, las historietas de Ralf König.
Lo peor: El desequilibrio entre ilustración y narración, entre lo que se cuenta y cómo se cuenta. Un problema que afecta al 90% del cómic actual. Sobran buenos dibujantes pero faltan escritores que estén a la altura.