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No son un gran número, pero sí son muy visibles. El miedo a envejecer los lleva a inyectarse cualquier producto que consiga que se vean más jóvenes, independientemente de si les sienta bien o mal.
Aunque actualmente son pocos, seguramente este grupo crezca a medida que cierto tipo de gays vaya envejeciendo. En este grupo no están incluidos los que se retocan ligeramente y que parece que casi no se han hecho nada. Los que tienen el honor de pertenecer a esta categoría, son todos aquellos a los que, con sólo mirarlos de reojo, se puede ver que llevan kilos de silicona y Botox en la cara.