Como tantos otros, Abdelá Taia se vio obligado a emigrar ante la presión social a la que estaba sometido en Marruecos. Fue en Francia donde pudo vivir plenamente su sexualidad y publicar sus novelas. Atrás dejaba la pobreza de su pueblo, los amantes clandestinos y la hipocresía de la escuela coránica, donde su maestro solía mantener relaciones sexuales con varios de sus alumnos. Un mundo donde para sobrevivir tenía que guardarse el secreto de su sexualidad.
A pesar de vivir en Europa, Abdelá reconoce que no se ha hecho del todo gay. "La cultura gay me interesa, pero no es la mía; no quiero estar en un gueto y padecer nuevas dictaduras" dice.