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Una de las prácticas que encarnan el BDSM es el bondage, que consiste en que la persona dominada se deja atar para así padecer todas las fantasías que su amo o un conjunto de amos deseen hacer realidad.
Las marcas que dejan las cuerdas en la piel son consideradas como un fetiche tremendamente sexual, y en general cualquier tipo de marca está bien aceptada por el colectivo. No es inusual que la persona dominada se tatúe el símbolo o nombre del dominante, aunque también hay otras marcas hechas a fuego o con escarificación (cicatrices). Muchas veces el ritual de la marca se plantea como una ceremonia que se festeja después.

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