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Al margen de sus atributos, Kaká nunca podría convertirse en icono mundial ni gay ni de ningún tipo si no fuera acompañado de éxito. Su pase al Milán en 2003 estuvo valorado en 8 millones de euros y su juego se consideró clave para que el equipo se alzase con el título de Liga italiano en 2004. Ha sido internacional por Brasil en multitud de ocasiones y tanto en 2004 como en 2005 fue considerado uno de los 10 mejores jugadores del mundo por la FIFA.