Para terminar lo hacemos con uno de los objetos más apreciados por todos aquellos que no pasamos nunca la pubertad. Que maravilloso era eso de colocarse en las patas traseras de la silla y escuchar los gritos de la profesora "¡Ponte bien que te vas a caer!". Pues bien, ahora ya más creciditos podemos permitirnos el lujo de repetir la operación, y repetir sensaciones, sin temor a caernos.