Este chico no se corta ni un pelo. Tan famosos como sus canciones han sido sus habituales morreos con su primo David, en el escenario. ¡Cómo se quieren! Menos mal que son familia. Si no, pensaríamos que nos está diciendo algo.
Sea como sea, Dani Martín ha demostrado que la vergüenza no es lo suyo. Y le estamos agradecidos. ¿Dónde estaría el morbo de sus conciertos sin sus besitos?