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Se da cuando uno de los dos cónyuges ha tenido la sensación de haber metido mucho la pata. Tanto que ahora sólo puede pensar que ha estado a puntito de estropearlo todo y perder a la otra persona.
Normalmente lo que ocurre es que aflora una gran profusión de sentimientos que se creían muertos y enterrados, por ello condiciona un sexo con extra de entusiasmo y romanticismo.