Las modas y los cánones fluctúan y cambian con el paso del tiempo -por suerte-, y aunque los anteriores arquetipos de ''macho'' no tienen nada de malo, paulatinamente fueron cambiando sus mostachazos y sus aceites corporales por barbas y complementos algo más "naturales".
Por suerte, algo que nunca cambió fue el gusto por el fetichismo de todas clases, especialmente el relacionado con el bondage y la estética lederona.