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La obra, por supuesto, ha sido un taquillazo. Había muchos motivos para acercarse a la sala Gielgud, desde los puramente teatrales (por la calidad de la obra de Petter Shaffer) a los extrateatrales, el morbo de ver a Harry Potter desnudo y representando un acto sexual en el escenario, en persona, a pocos metros del patio de butacas...