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Carlos Joric / 25-01-2007
'Dreamgirls' es mucho más que un vehículo para el lucimiento de una estrella de la canción como Beyonce o una triunfita local como Jennifer Hudson, pero también mucho menos que el gran musical que tanta nominación y globo de oro parece indicar.
Sólo con una preciosista ambientación, unos buenos intérpretes y unas excelentes canciones no se hace un gran musical. Hace falta algo más: una buena historia, contada con el ritmo adecuado y algo de magia, de brillo escénico.
'Dreamgirls' peca de convencional, de previsible. A una primera parte, la de los años 60, muy bien contada, llena de ingeniosas transiciones (del ensayo a la actuación sin cortar el plano), le sigue una segunda, la de los años 70, que avanza de forma morosa y atropellada, resultando cada vez más predecible y aburrida, hasta terminar con un forzado y empalagoso happy end.
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