La primera persona que se dió cuenta del potencial de Brett fue su padre, Irvin Favre, quien comenzó a entrenarle desde la adolescencia, reparando también en que aunque su hijo tuviera mucha potencia de lanzamiento las becas deportivas suelen dárselas a los que más corren. Por ello fue la faceta que más entrenaron, en vistas a que Brett también pudiera aspirar a un futuro académico.