Compartir en:
Gracias a varios amigos y a Santa Inés -que por entonces era una noble recién convertida- San Sebastián no muere y puede curar sus heridas. Una vez recuperado, quiso presentarse de nuevo ante Diocleciano para echarle en cara sus creencias idólatras.
El Emperador esta vez ordenó a sus soldados que le azotaran hasta la muerte. En esta ocasión se aseguraron bien de cumplir sin errores la misión.
Francesco Gentile da Fabriano
San Sebastián, finales del siglo XV
Saint Sebastian
Óleo sobre tabla, 33 x 27 cm
Musée des Beaux-Arts, Lille

Lágrimas de Eros