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Noviembre de 1989, esa es la fecha del último cuadro que hizo Haring en su estudio. Aún mantenía el vigor y la actividad artística de siempre. En contra de todo lo esperado, el cuadro muestra una escena alegre.
Figuras jubilosas de brazos abiertos, que en el plano técnico podría decirse resumen su obra, pues en ella aparecen reunidas muchas de las técnicas que Haring había probado anteriormente: el trazo de las líneas recuerda a la de sus primeros trabajos sobre plancha de vinilo, las abreviaturas su afición a los dibujos jeroglíficos y las huellas del goteo a sus drippings.

Keith Haring