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Después de dar unos cuantos tumbos (apareció en una galería con Juana de Aizpuru en el año 1994 pero no le gustó el resultado), fue haciéndose a la idea de poder dedicarse profesionalmente al mundo de la ilustración. En aquellos tiempos en que Jordi Labanda aún no era Dios, era difícil imaginar que en España alguien pudiera vivir de esto...