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El Espíritu Santo ha regalado a la cristiandad un Papa, Benedicto XVI, que hasta ahora ha sido un icono de la homofobia religiosa. En 1992 ya defendía la discriminación a los homosexuales en una carta a los obispos de EEUU en los campos de "la adopción o cuidado de niños, en empleos como el de maestros o entrenadores de deportes y en el reclutamiento militar" ya que ésta "no constituye una cualidad comparable a la raza, el grupo étnico".