En la actualidad, las relaciones o incluso la apariencia homosexual
está penada en ochenta países, con castigos que van desde la pena de
muerte, la reclusión en cárceles o diversos tipos de torturas y penas
físicas.
Debemos alzarnos en contra de un sistema que
criminaliza las relaciones homosexuales y que hace que el temor a la
denuncia y las represalias ahogue a los LGTBQ en sus propias
comunidades. Hay que erradicar que los hombres homosexuales sean
identificados con las mujeres y que se castigue a las lesbianas por no
desempeñar los roles que las sociedades patriarcales "esperan de su
género".