¿Cuánto tiempo va a seguir el fútbol español en el armario?

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Hace días me llegó por casualidad noticia de una polémica. Por lo visto el día anterior las redes sociales habían estado ardiendo –verbo usualmente utilizado cuando un tema se hace en ellas hiperpresente, menos mal que su uso es metafórico o no quedaría ya ni un mal rastrojo de tanto que arden- debido al recorrido viral de un vídeo de apenas unos segundos. 

En él se veía a dos jugadores de un equipo de la primera división española de fútbol manteniendo relaciones sexuales entre ellos y, a la vez, con una mujer. Sí, vi el vídeo apenas instantes antes de que ya fuera imposible recuperarlo, supongo que pronto se pusieron en marcha los mecanismos que Internet tiene previstos para preservar –aunque tardíamente- la intimidad de algunas personas. 

Lo confieso sin rubor porque no soy más puro que nadie sino tan débil como cualquiera. Y, si no fuera porque en dicho vídeo se adivina a duras penas a la mujer pidiendo que no se grabe la escena cuando descubre que efectivamente está siendo grabada (cosa que da para otro debate entero en el que ahora no entraré) podemos considerar que, como pornografía doméstica, se trata de un intento bastante logrado.

Sin embargo, el hecho de que sus protagonistas principales sean dos jugadores de un equipo de fútbol de primera división da para una reflexión no menos interesante que la que vamos a eludir. Un antecedente: durante el verano asistimos a la salida del armario de dos deportistas de élite españoles con poco margen de separación entre sí. Ninguno de ellos, por supuesto, era futbolista y menos de primera línea. 

Esto es España y esto es fútbol: aquí jugamos así. Sin embargo, por un momento tuve la impresión, casi el pálpito, de que no transcurrirían muchos días hasta que la salida del armario de dicho futbolista cuyo nombre desconocemos pero que todos sabemos que existe porque no se nos escapan los rudimentos más elementales de la estadística aplicada a la biología, se produciría igual que la del waterpolista y el patinador que ya lo habían hecho. 

Soy consciente de que aquí surge otro debate en el que no entraré, y ya van dos (”¿Nos debe un personaje público, por ejemplo un futbolista, su salida del armario?”) pero centrémonos en el hecho objetivo: mientras en múltiples ámbitos llegan las declaraciones públicas y voluntarias de no heterosexualidad -incluyendo el deporte- la primera división española de fútbol sigue resistiéndose y es lo llamativo (en modo alguno lo malo o lo bueno) de ese hecho lo que no debe escapársenos.

El fútbol, espejo social

Lo cierto es que ese pálpito mío, como tantos otros, no se vio cumplido en la realidad ni al día siguiente, ni al otro, ni al otro… hasta hacerlo a lo cutre y por todo lo bajo con la publicación –creo recordar que sin el consentimiento de sus protagonistas- del microvídeo porno de los jugadores del Éibar junto a la mujer desconocida. 

Por una vez, dos (a falta de uno) jugadores de fútbol, españoles, de primera división, dando elocuentes muestras de gustos no heterosexuales, al menos por lo que respecta al sexo puro y duro… y resulta que es un vídeo robado de relaciones sexuales en cuya publicación ellos ni siquiera estaban de acuerdo y que parece que en cuya grabación su acompañante tampoco lo estaba.

Vídeo que, a su vez, sirve para ”incendiar” redes sociales, desatando el pobre debate que de ellas tiende a surgir y sin ni siquiera suscitar otra reflexión acaso un poco más elaborada en otros contextos, debido probablemente a lo polémico, lo vergonzante, lo escabroso del hecho, quién sabe si lo delictivo y, por supuesto, lo impactante… sin perjuicio de otros intereses que pudiera haber en enterrar cuanto antes el chillón incidente.

¿Tenía que ser así el estreno? Para una vez que sucede, la primera, ¿es este el nivel que la ocasión requería? ¿Merece la importancia simbólica y concreta del hecho el tomar la forma de un outing con toda la pinta de ser a la fuerza y carente, en caso de que efectivamente haya sido obligado, de la franqueza y gallardía de sus antecedentes? 

Sin duda así ha sido y hay algo de decepcionante en que la no heterosexualidad ortodoxa que el patriarcado demanda y que de maneras tan nobles, bellas y naturales puede salir a la luz se manifieste de esta guisa en el fútbol, que trampolín de tantas cosas buenas y malas es.