Carla Pires viste al fado con una alegría melancólica

Cuando confundes el Teatro Galileo con la sala Galileo Galilei, el resultado sólo puede ser uno: aterrizar sin aire en el concierto, al igual que si llegase tarde a mí primera cita.

La cagada de nivel dos la olvidamos cuando somos protagonistas indirectos de un #micromachismo de calibre cuatro. Mi acompañante (femenina) se encarga de pagar las bebidas y el camarero me acerca a mí el dinero de la vuelta: todo un clásico que nos lleva al pasado más rápido que subidos en un Delorean.

Carla Pires aparece vestida de un rojo pasión para llenar de brillo a una sala que ha ido apagando luces como si fuese un amante que quiere comenzar a coquetear. Antes de comenzar a cantar lanza un mensaje: ”El fado es la música del alma”.

Mensaje recibido. Ahora bien, Carla, nosotros te queremos decir una cosita desde el más absoluto cariño. El fado es la música de los sentimientos, sí. Pero de los sentimientos de un alma que ha sido abandonada por el amor de su vida, que acaba de ser despedida del trabajo y que cuando se ha puesto el ‘No surprises’ de Radiohead se le ha caído el móvil al suelo.

El fado se reinventa

Arranca el concierto y sobre el escenario nos encontramos con cuatro instrumentos. Bruno Mira a la guitarra portuguesa, Pedro Pinhal con la guitarra española, Jorge Carreiro al bajo y la propia Pires que es dueña de un instrumento privilegiado: su voz.

Sólo nos hacen falta un par de precisos y bellos agudos para darnos cuenta de por qué Carla Pires es uno de los rostros más reconocidos del fado portugués. Relajada, divertida e hipnótica sobre las tablas y capaz de imprimir una melancolía poética a todas y cada una de sus letras.

En esta ocasión, la portuguesa visita Madrid para presentar su nuevo trabajo. ‘Aquí’ es la prueba sonora de que el fado no puede permanecer ajeno al resto de músicas y a lo largo del concierto invita a subirse al escenario a otros universos que sirven para trazar un camino musical multidireccional.

El nuevo trabajo de Carla Pires consigue que el lamento del fado se mezcle con la alegría de la samba, la persuasión de la bossa nova y la elegancia del tango para dibujar un espectáculo musical tan magnético como inimaginable.

La guitarra portuguesa rasgada con maestría por Bruno Mira podría convertirse en la banda sonora de los versos más tristes de Pablo Neruda. La guitarra española de Pedro Pinhal suena profunda como una película de Bergman, mientras que el bajo de Jorge Carreiro ejerce de guardaespaldas musical y desde un segundo plano termina de redondear un concierto sobresaliente.

Pires permanece casi dos horas sobre el escenario. Nosotros nos quedaríamos a vivir para siempre en esos 120 minutos de belleza interminable. Su voz acuna nuestro corazón con unos agudos que nos llevan hasta una espiral geométrica de sentimientos. 

Descubro uno de los nuevos rostros del fado, disfruto de un concierto fabuloso y paladeo el sabor de una buena compañía. Tanto, que salgo del concierto haciéndome la misma pregunta que el maestro Ibarra: ”Living is beautiful ¿O me lo parece a mí?”.

Vídeo: Carla Pires – ‘Meu amor, meu amor’

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