Portal para gays y lesbianas que ofrece información de la actualidad gay

Billy Elliot

Dirección: Stephen Daldry; Intérpretes: Jaime Bell, Jean Heywood, Jamie Draven y Gary Wells; Música: Stephen Warbeck; Duración 110 minutos. Reino Unido 2000

Un niño de once años descubre su pasión por el baile durante la huelga minera de su pueblo natal al norte de Inglaterra. A partir de entonces, Billy tendrá que luchar contra estereotipos culturales y la crisis por la que atraviesa su familia para conseguir su sueño: bailar.

Suena para los oscars y suena bien. Chapeau por una historia insólita, por un director novel y por un niño entrañable de calzón corto y diálogo sincero. Porque ‘el hacerse un cine’ resulta, a veces y en los peores casos, un lance incierto y atrevido. Ahí fuera hay ladrillos, cantos rodados y otras piedras pesadas, además de ciertas aventurillas con tiros y pasta de por medio.

Y qué media sonrisa contenida queda después de una película interesante, un guión sin pretensiones y unos personajes de este mundo, o del pasado, pero complejos. Tanto como la vida, las crisis y los prejuicios.

Billy Elliot apunta con el dedo a temas tan tabúes en los años 80 como la tendencia homosexual de un niño (no te equivoques, el aspirante a bailarín no va por esos derroteros), los fracasos familiares o la rebeldía ideológica. De forma equilibrada, entre la mueca y el lagrimeo impulsivo, el argumento provoca y sugiere.

El autor, un reconocido director de teatro inglés, ha pulido su opera prima en el cine ‘grande’ hasta hacerse oír por medio mundo. Su fórmula descansa en la base de un jovencito abstraído por los pasos de baile. Lo mejor de la composición recae en los actores y la ambientación. Sin perder de vista a una abuela pirada y entrañable.

Y si se trata de buscar lo malo, el descuido o el fallo (para eso estamos)… ¿quién hubiera dicho que el niño era realmente bueno? De lejos, aquello parecía solo un juego, un empeño de la profesora. Aunque eso es otra historia… Todos los detalles, en las salas