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Anita no pierde el tren

Dirección: Ventura Pons; Intérpretes: Rosa María Sardá; José Coronado; María Barranco; Jordi Dauder; Roger Coma, Albert Forner; Guión: Ventura Pons y Lluís-Anton Baulenas; Música: Carles Cases; España 2000.

Anita es una mujer cincuentona que lleva trabajando más de treinta años de taquillera en un cine. Al volver de unas vacaciones se encuentra con que el cine ha sido derribado para hacer unas multisalas y que ella no está dentro la plantilla de empleados de los nuevos cines. Incapaz de abandonar su rutina, sigue yendo todos los días a su lugar de trabajo, ahora en obras, y acaba enamorándose del obrero que maneja la excavadora, con quien empieza a encontrarse y con el que mantendrá un romance.

A Ventura Pons, el creador de este invento, parece que se le dan mejor las historias de tinte escabroso. Así como puso las banderillas en sus dos últimos largometrajes Amic / amat y Morir (o no), en Anita no pierde el tren se le va la pinza y, sin negar que Pons es un maestro en el arte de salirse de lo convencional y besar el santo, la comedia no parece ser su punto fuerte.

La historia, mujer de cincuenta y tantos se enamora de un hombre, interesante y madurito como pocos, en una pseudocomedia con tintes eróticos y pinceladas sensibleras, combinación que podría corresponder a una obra poco definida y que provoca encogimiento de hombros.

El reparto. Rosa María Sardá, la Anita de la historia que, junto con María Barranco son las únicas capaces de arrancar sendas sonrisas de las estupefactas bocas del espectador, se asienta en lo que ya estaba más que consolidada, su gracia para hacer de cualquier situación algo cómico.

María Barranco, en su papel preferido, el de secundaria amiga íntima de la protagonista que no para de soltar barbaridades socarronas, pero que deja entrever la raíz de un personaje que en el fondo se ríe de lo que no soporta de sí misma y que ve en el reflejo del personaje de Anita.

Por último el galán de la historia, José Coronado, con tres o cuatro intervenciones habladas, del tipo ?estoy casado? o ?¿quieres un café??, y tres célebres frases como preámbulo al cómico y único orgasmo que aparece en la película. Se sitúa bien en el papel de supermacho parco en palabras.

Apuntar como curiosidad que, como es tónica habitual en Ventura Pons, la versión original de la película es en catalán, a excepción de las intervenciones y los diálogos que se mantienen con María Barranco que, al parecer no es tan diestra en el arte de hablar el catalán como su compañero de reparto, José Coronado, aclamado por Pons por sus magníficas intervenciones en esta lengua, ¿será que Coronado tenía medio folio de intervención mientras que las disertaciones de la andaluza, María Barranco, brillan por su presencia en el guión?

Lo mejor: Los toques cómicos por parte de Sardá y Barranco, para no perderse la caída de Anita y su resurgir de las cenizas a bordo de la excavadora.

Lo peor: Imprecisiones a la hora de hilar una historia que acaba siendo insulsa