Cadena de favores

Dirección: Mimi Leder; Intérpretes: Kevin Spacey, Helen Hunt, Haley Joel Osment; Guión: Leslie Dixon; Música: Thomas Newman; EE.UU., 2000

‘Cadena de favores’ es una cinta extraña, optimista, intimista y dura. Es una de esas películas que te dejan un sensación complejidad, de indecisión, que no sabes si poner verde por sensiblera o alabar por sorprendente y por directa. Y es que su directora, Mimi Leder, tiene experiencia en esto. Ya en ‘Deep Impact’ dividía a su público entre los que pensaban que estaban ante una nueva Kubrick y los que se salían del cine pensando que les habían tomado el pelo.

‘Cadena de favores’ no es menos, y habrá quien lo tome como un estrenos tv para marujas de sobremesa y quien vea mas allá de la lágrima fácil y se encuentre con un ensayo sociológico, una parábola moral sobre el bien y el mal, o sencillamente con un drama inteligente, original y cautivador.

Siquiendo la última moda de cine social (‘American Beauty’, ‘Tormenta de hielo’ o ‘Las vírgenes suicidas’ o la brillante ‘Magnolia’) Leder nos adentra en un mundo de despropósitos, casualidades, personajes extraños (de esos que nos rodean por todas partes) y acontecimientos sorprendentes acomodados meticulosamente en una historia medida, factible, familiar: lo que empieza como un trabajo escolar de sociología, se convierte circunstancialmente en un fenómeno piramidal que se extiende como una mancha de aceite por todo el país.

Historias de superación, esperanza y decepción se entrelazan de forma sutil en un juego de coincidencias, algunas agradecidas, otras fatales. Un final totalmente impredecible (no nos engañemos) hace que cada uno pueda sacar su propia moraleja de este cuento urbano, lo cual aleja el fantasma de la moralina de una forma contundente.
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Basada en la novela del mismo nombre de Catherine Ryan Hyde, cuenta con precisas interpretaciones de Kevin Spacey (American Beauty) en el papel de un profesor de instituto de los que nos habría gustado tener a todos (inteligente, justo, sencillo, pero con algunos problemas de autoestima), Helen Hunt (‘Mejor, imposible’) como una sufrida madre abandonada con problemas con el alcohol, y Haley Joel Osment (el niño de ‘El sexto sentido’) en un papel hecho a su medida y que consigue sorprendernos de nuevo, después del debut que le valió un nominación a los Oscars el año pasado. A destacar también el papel de Angie Dickinson (una irreconocible ‘mujer policía’) en un personaje que por momentos cruza las barreras del secundario.

La música de Thomas Newman acaricia las imágenes dándoles un tono minimalista, intrigante y austero, y hace que la historia nos recuerde todavía más a la premiada ‘American Beauty’, cuya partitura también firma este autor.

Como decía antes, no me atrevería -con la seguridad que se nos supone- a calificar ‘Cadena de favores’ como una obra maestra, pero aún así me arriesgo a recomendarla encarecidamnte a todos los públicos. Puede que estemos ante un experimento útil, un ejercicio de autocrítica realmente importante para nuestra salud mental

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